23 de septiembre de 1977.
Mi hijito querido de mi alma:
Quisiera volar y verte aunque fuera unos instantes, pero aunque
estés tan lejos, tu recuerdo donde quiera me acompaña. Siempre
estoy encomendándote a Dios y rogándole a mi Madrecita del
cielo que te consuele si estás triste, que te acaricie,
que te acompañe siempre, que te ayude hasta subir con
tu cruz, alegre y feliz, hasta llegar al cielo. Pienso
siempre qué pesada ha sido la cruz que llevas sobre
tus hombros; pero nuestro Señor está contigo, y dará fuerzas
y alegría como hasta ahora la has llevado.
Mi hijito tan querido, quisiera decirte muchas cositas que llevo
en mi corazón, pero mi mano no me ayuda, sólo
te digo que te quiero mucho, y que cuando estés
solo o cansado y triste, abre tus ojitos y verás
que estoy a tu lado con Jesús, yo así lo
siento y así te busco y sentirás mucho consuelo. Ahí
también está tu Madre, mi Virgencita linda, porque ella nos
consuela siempre y no nos abandona y siempre te dejo
bajo su protección. Adiós mi hijito, bendíceme siempre que yo
así lo hago contigo.